Incertidumbre

Alrededor de su cama crecían las margaritas blancas y sobre su lecho se amontonaban millares de pétalos que lo iban cubriendo poco a poco con la suavidad de unas sábanas de seda. El sol entraba cálido por el ventanal y las flores que lo rodeaban lo miraban con el descaro de los girasoles. Alargaba su brazo y cogía una de las margaritas, mirándola de soslayo, tímidamente. Empezaba a deshojarla muy despacio, con sus dedos artríticos y delgados. Movía suavemente sus labios en los que se leían cinco palabras: “Me quiere, no me quiere”. Al momento tomaba en sus manos otra margarita.

Ángela Gutiérrez

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