Parábola de uno mismo

Han pasado dos años desde que comencé a escribir en este blog. En ese tiempo han quedado plasmadas en estas entradas muchas historias y reflexiones. Casi nunca vuelvo sobre lo ya publicado. Cuando termino de escribir, de corregir y lo publico es como si pasara página y mi cabeza, mi pensamiento y mi fantasía se han puesto inmediatamente a fraguar otra historia nueva. Pero hoy no, hoy he dedicado parte del día a releer y es curioso como el tiempo lo transforma casi todo. Muchas de las entradas han perdido frescura, quedan ya lejos de la realidad que las motivó, otras han caído en el olvido y algunas permanecen como en la primera lectura. He dicho muchas cosas que ahora quizá no diría y otras saldrían con más rotundidad, empeño y perseverancia. A lo largo del camino han sido muchos los lectores, los que me han hecho llegar comentarios y opiniones, reflexiones enriquecedoras siempre. Se han abierto puertas, algunas merecedoras de mi dedicación, como el equipo de Insevilla, otras interesadas, aduladoras y tramposas, acordes con los tiempos que corren, pero de todas he aprendido, de todas ellas he podido conocer un poco más de este mundo de la literatura, de la escritura y de lo público. Un aprendizaje sobrio: escribir, escribir a todas horas, escribir en cualquier lugar,  para entender, para entender el mundo y para entenderme a mí misma. Escribir para conocer, para conocer el mundo, para leer sin parar, reafirmándome en esa, mi verdadera vocación, la de lectora, la de lectora curiosa e incansable.

Ángela Gutiérrez

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