Historia reciente de un día

Levantarse. Escuchar la alarma del despertador y levantarse atolondrado. Caminar casi sonámbulo hasta el baño y sentir el frío de la mañana. Desnudarse y abrir el grifo de la ducha. Despertar  poco a poco con el sonido del agua y empezar el día justo cuando empieza a caer sobre el cuerpo. Vestirse, peinarse, perfumarse. Entrar en la cocina y estimular los sentidos con el olor del café, el crujir del pan tostado y el paladeo del aceite de oliva. Abrir el periódico y romper el hechizo: uno comienza a removerse en el asiento y a sentir el vértigo de la indignación y de la impotencia. No saber si dejarse llevar por la incomprensión o por los más bajos instintos del ser humano mientras el  hedor, la pestilencia, la inmoralidad, incluso el mal gusto campan a sus anchas por entre las líneas de los periódicos como si fueran galeradas ocultas.

Recomponerse. Pasar las páginas buscando atisbos de cordura, voces lúcidas e independientes, palabras que huyan de los eufemismos y de la mentira. Detenerse a leer, buscar asideros entre el pozo profundo e interminable de la manipulación y la propaganda. El esfuerzo diario por vivir encontrando la dignidad a nuestro alrededor, venciendo la tentación de querer encontrar un lugar donde esconderse incluso dentro de la propia casa.

Ángela Gutiérrez

Querido superman, socorro

Angulo. Querido superman: socorro

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