Terracota

Días grises, oscuros y no precisamente por la llegada del otoño que a mí particularmente me encanta. Pasa el verano sofocante y luminoso y deja paso a los aromas de la tierra mojada, a los colores ocres de las hojas secas y a la luz suave y tibia; y se abre paso, entre los escaparates vestidos de invierno y entre los titulares de la prensa que anuncian un otoño caliente.

Uno se levanta cada mañana y se abre paso como el otoño. Se reviste casi sagradamente para hacer bien lo que tiene que hacer, para vencer el desánimo, la impotencia, la rabia, la incomprensión, incluso, la agonía.  Uno se pelea consigo mismo para no abandonar lo cotidiano, para escarbar hasta encontrar la esperanza, para confiar, para denunciar, para sostener lo que parece que se derrumbará de un momento a otro.

Pero este otoño está hecho de terracota, moldeado al antojo del  nuevo curso político y endurecido por la sordera insultante de los gobernantes.  Como decía Shakespeare, un cielo tan cargado no se despeja ni con una tormenta.

Ángela Gutiérrez

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