El río de la vida

Charlie Alnut (Humphrey Bogart) y Rose (Katharine Hepburn) descienden por el río Ulanga en dirección al Lago Victoria  en una vieja embarcación llamada La Reina de África huyendo de los soldados que arrasaron la misión. Salvaron la vida agarrados a los restos que quedaron después de que el destartalado barco se hundiera en las aguas del río no sin antes acabar con la cañonera alemana.

En el Río de la vida, los hermanos Norman (Craig Sheffer) y Paul McClean (Brad Pitt)  junto a su padre, un pastor protestante estricto y rígido contemplan las aguas del río Blackfoot, en Montana, sentados en la orilla, atentos a los sonidos del agua que fluye, pensando que no hay en el mundo tres hombres que sepan entender a un río mejor que ellos.

En la obra de García Márquez, El amor en los tiempos del cólera, Florentino Ariza necesita escribir más de cien cartas para convencer a Fermina Daza para hacer un viaje con él por el río Magdalena a bordo del barco llamado Nueva Fidelidad. Después de cincuenta y tres años, siete meses y once días consigue su propósito de seguir indefinidamente navegando por el río para demostrar su amor perseverante, eterno.

En el cuento  de Juan Rulfo , Es que somos muy pobres ,el río, que no para de crecer hasta perder las orillas, mata a la vaca Serpentina, arrasa con el tamarindo de la tía Jacinta y parece haberse metido dentro de Tacha que no puede parar de llorar al ver que su vaca no volverá nunca más.

¡Ah! ¡Los ríos! ¿Qué tendrán los ríos? ¿Por qué me gustan?

Quizá sea porque, como decía  Jorge Manrique, son nuestras vidas. Por eso a veces nos arrojamos a ellos con la pasión desenfrenada de la Reina de África, manejando las corrientes que nos lleven hasta el final aunque sea agarrados a un madero. Por eso a veces nos sentamos a mirarlos pasar, a escuchar el fluir del agua y el aleteo de sus peces. Por eso a veces nos asquea su cieno y el olor de sus aguas estancadas, contaminadas y turbias. Por eso a veces nos sentimos como los peces que avanzan rápidos y certeros a merced de su curso, o como salmones que saltan y bregan contra los rápidos y las corrientes. Por eso, a veces, preferimos quedarnos como las piedras, inmóviles, inertes, dejándonos limar por la fuerza del agua, notando como en el fondo crece el musgo mientras que en la superficie se forman arcoíris.

Ya sé, me dirán que eso de la vida y los ríos es una metáfora desgastada, manida, pero hay que ver qué de situaciones resuelve cuando no encontramos las palabras.

Ángela Gutiérrez

 

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4 pensamientos en “El río de la vida

  1. Una deliciosa reflexión literaria sobre el río y su simbolismo. Tengo un amigo que agrupa toda su poesía (bastante buena y casi inédita, por cierto) bajo el título “Riografía”, una mezcla de río y biografía, ya que él nació junto al Guadalquiivir de Jaén, pero vive en Córdoba.
    Y una precisión: por lo que veo, sí que encuentras las palabras: las exqactas, sugerentes y bellísimas palabras.

    AG

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