Curiosidades

Lara está de vacaciones y se pasa el día jugando con su hermana y con cualquier chiquilla de su edad que aparece por el bar. Durante la mañana, su padre atiende la barra, preparando cafés y tostadas mientras ella duerme en el piso de arriba. Entre cliente y cliente, el padre de Lara ha limpiado los cristales de la terraza exterior, ha recargado las neveras de botellines de cerveza y de refrescos,  ha atendido a los representantes de las patatas fritas, los altramuces y las aceitunas y ha puesto a punto el tirador de cerveza y la máquina del café.

Cuando se ha levantado, Lara ha bajado a desayunar y mientras su madre recogía la cocina, ha estado trabajando con el punzón en las láminas de colores que debe presentar en el colegio cuando acabe la semana de vacaciones. Los días son fríos y lluviosos a pesar de ser ya primavera y el bar está mas vacío que de costumbre.

Por la tarde, después de una fuerte tormenta ha salido el sol y Lara, por fin puede salir a la calle. Pero está desierta y el viento es desagradable así que ha decidido sentarse sobre las cajas de botellines vacíos que su padre apila cerca de la ventana de la terraza. Una ventana ancha y acristalada, con un pequeño mostrador que en los días de mucha clientela usan los camareros pero que hoy, con el bar casi vacío, algunos clientes han utilizado para tomar una cerveza rápida al mediodía o un ligero café a media tarde.

Lara tiene unos profundos y vivos ojos azules y lleva el pelo recogido; una coleta vivaracha y saltarina despeja su cara sonriente  y curiosa. Habla, habla continuamente. Mientras me tomo el café apoyada en el pequeño mostrador de la ventana de la terraza pregunta:

–       ¿Ese coche tan pequeño es tuyo?

–       Sí, ese es el mío.

–       Pues ese grande que está a su lado es de mi papá. ¿Has visto lo grande que está? Eso es porque ha comido mucha comida.

Mientras parlotea, manipula entre sus dedos un cochecito de colores vivos y asoma su cabeza por el ventanal de la terraza. Entonces abre mucho más sus ojos y sigue atentamente con sus pupilas los movimientos de un coche. De él se bajan sus abuelos. Lara calla, es el único rato de silencio que ha tenido desde que se sentó sobre las cajas de botellines. Sonriente, espera que su abuelo se acerque. Le cuenta que se ha tomado un colacao, que tiene tierra en los zapatos, que su hermana Gemma anda haciendo los deberes, que su padre duerme la siesta, que ha visto llover…

–       Dame la cartera –le dice a su abuelo.

Lara comienza a poner sobre el mostrador las fotos que su abuelo lleva en la cartera; las suyas, de su hermana, de sus tíos y primos. Algunas en blanco y negro, amarillentas con la abuela vestida de novia o el abuelo de soldado valiente. Otras son pequeñitas, de tamaño carnet y de colores. De repente, coloca el carnet de identidad del abuelo entre las demás fotos que ha sacado de la billetera y con la voz fresca y dulce pregunta:

Abuelo, ¿por qué eres viejo?

Ángela Gutiérrez

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