Noche ciega

Al caer la noche se ha ido la luz. Un sonoro estruendo ha dejado el pueblo totalmente oscuro, iluminado solo de cuando en cuando por el fulgor de los relámpagos. Ha llovido, por fin ha llovido después de un largo invierno seco y árido como los vientos del desierto. En la penumbra fantasmagórica de las velas que iluminan el interior de las casas empieza a resonar el agua de los canalones, el golpeteo de la lluvia en los cristales y  las regueras que corren por las calles adoquinadas.  Se despertó un viento tormentoso y húmedo; tronó secamente, se apagaron las luces y se hizo el silencio. Enmudeció la tele, se agotó el tono azulado de la pantalla del ordenador, cesó la música. Poco a poco van resonando dulcemente algunas voces que se apagaron en el mismo instante en que se apagó la luz, como si el volumen se alimentara de la red eléctrica. Esta noche será más ciega que nunca.

Ángela Gutiérrez

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