Vida y literatura

Siempre me resultó curioso eso que cuenta Fernando de Rojas en la carta-prólogo de La Celestina cuando nos dice que se encontró el manuscrito del primer acto rodando entre las manos de los estudiantes salmantinos y que decidió continuar la obra, acabándola en quince días de vacaciones. Sorprende que uno de los best-seller de la literatura medieval y una de las principales obras de la literatura española se elaborara en tan poco tiempo.

Recuerdo que uno de mis profesores de literatura decía que el éxito de Garcilaso de la Vega, con sus magistrales sonetos y églogas, era en parte debido a que la vida lo colocó en una situación propicia para ello; un amor inalcanzable e inaccesible; el amor platónico que sentía el poeta por la portuguesa Isabel Freire inspiró algunos de los versos más sorprendentes de la lírica renacentista. Solo alguien enamorado hasta los huesos de un imposible podía haber escrito aquello de “Por vos nací, por vos tengo la vida // por vos he de morir, y por vos muero”.

Marcel Proust vivía el tedio de su vida y de sus circunstancias y la sentía como una existencia malgastada, una pérdida de tiempo. Sabía que le esperaba la muerte así que se encerró en un cuarto forrado de corcho y se lanzó a la búsqueda del tiempo perdido. En su obra, En busca del tiempo perdido, se desmenuza la vida, pero no la vida real sino la vida que le hubiera gustado vivir, tomando forma en esa gran empresa de más de tres mil páginas escritas a mano en cuadernos escolares.

Hace unos meses Antonio Muñoz Molina contaba en una entrevista en el programa Carne cruda de Radio Nacional que el cuento Las otras vidas, publicado en su obra Nada del otro mundo, se le ocurrió completo mientras un técnico de sonido le contaba una historia sobre un pianista. Mientras hablaban, estaban fumando un pitillo de marihuana así que cuando se marchó lo había olvidado completamente, como se olvida un sueño. Al día siguiente, llamó al técnico para preguntarle de qué habían estado hablando y el relato volvió enterito a su imaginación.

A J.D. Salinger le costó muchos años de su vida parir El guardián entre el centeno, se desnudó en sus cuentos como en la intimidad de su alcoba y la lucha por preservar su intimidad le llevó a abrazar el silencio como la mejor manera de decir lo que tenía que decir.

Vasili Grossman vio cómo confiscaban las cintas de la máquina de escribir sobre las que había tecleado cada palabra, cada sílaba, cada letra de la gran novela de su vida y murió sin verla publicada, considerada una amenaza para el estado soviético. La obra, Vida y destino, nacida de su trabajo como reportero para Krasnaya Zvezda, el periódico oficial de Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial y desde el que lanzó al mundo la noticia de la existencia de los campos de exterminio nazis, plasma literariamente su experiencia durante la batalla de Stalingrado, una de las más sangrientas de la historia.
Literatura y vida, vida y literatura que se enredan hasta el punto de no saber quién engranda a quién.

Ángela Gutiérrez

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s