Fideuá a lo Handel

Ajo, mucho ajo picadito, muy picadito. Perejil, mucho perejil picadito, muy picadito. Al lado una jarra con oloroso caldo de marisco. Avanzada mañana soleada de sábado casi primaveral y la cocina como escenario. Voy preparando uno a uno los ingredientes para hacer fideuá y cuando los aromas empiezan a inundar la cocina, me sirvo una copa de frío vino blanco. A punto estoy de encender un cigarrilo pero mi hijo me pide ayuda con los deberes. Lo solucionamos y regreso a la cocina.

Poco a poco, mientras va tostándose el ajo junto a las gambas y al  perejil, mi hija va desplegando el atril, colocando la banqueta y desenfundando el violonchelo. Añado la sal mientras ella nutre con la resina los pelos de yegüa de su arco. Todo está preparado.

En ese momento, borbotean los fideos en la cazuela de barro y el sonido del chelo en el salón de la casa. Una vez y otra más la misma melodía  que poco a poco va tomando forma, adquiriendo el tiempo adecuado, el ritmo preciso.

Apago el fuego saboreando el vino, enciendo un cigarrilo y mientras reposan los fideos, el Chorus from Judas Maccabaeus de Handel ha resonado en la casa repetidamente, cada vez más limpio, más claro.

Trabajo, esfuerzo, estudio, disciplina, paciencia, entusiasmo, placer: la música.

Ángela Gutiérrez

Música

Angulo

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