Maderas nobles

El padre de Blancanieves es una novela publicada en 2007 por la escritora madrileña Belén Gopegui. En ella nos deja una mirada necesaria y comprometida con el presente a través de una red de voces plurales que nos sumergen en estos tiempos convulsos en los que también nosotros, como sus personajes, estamos inmersos. Entre esas voces hay una que me cautivó, no solo por la pericia literaria sino también por la valentía y el arrojo que desprende. Se trata de una voz colectiva, una asamblea que, como el resto de los personajes individuales, cuenta. Hoy me he permitido echar mano de ese personaje colectivo  de Gopegui  y darle voz:

La Asamblea se levantó enfurecida, miró atónita al hemiciclo sin entender lo que ocurría sin explicarse cómo había llegado esa situación. Los sujetos colectivos como yo, estamos acostumbrados al barullo, a la variedad de voces y de tonalidades. Me atraen las intensidades y los tonos de la voz porque yo solo puedo expresarme mediante comunicados; tienen distintas formas: decretos, leyes, ponencias, informes… pero no tienen tonalidad. Sin embargo, esto, esto no lo había visto en muchos años.  ¿En qué momento se han roto las reglas del juego?: no se miente, no se insulta, no se recurre a la falacia, se vela por la transparencia, por la claridad, se exige el respeto mutuo, se trabaja por el bien común. Irritada hasta el extremo, observaba a los sujetos individuales que ocupaban de nuevo sus asientos entre risas y bromas, embriagados aún por las luminarias de los fotógrafos de la prensa y cautivados por los micrófonos y las grabadoras; de sus alientos se desprendía un denso y rancio olor a café. Cerraban tras de sí las puertas y se hacía el silencio. Los funcionarios, ujieres y taquígrafos ocupaban sus puestos frente a la mesa de la presidencia que abría la sesión.  Ya empiezan; ahora este hará una promesa, y este otro mostrará preocupación y el de más allá manifestará que no comenta sentencias, y el que no viene nunca hablará de la corrupción y yo creo que todos han perdido la nobleza. A veces creo que estoy en peligro porque ahí fuera, más allá de la puerta donde duermen los leones, últimamente hay mucho ruido; suenan voces desesperadas que creo que forman parte de mi ser, pero, por alguna razón, no pueden entrar en el hemiciclo donde me encuentro y estos que pasan por aquí a diario insisten en hablar en su nombre. ¡Vaya tontería! Yo voy a estar aquí mucho más tiempo que todos ellos y me animaría escuchar nuevas voces. Pero últimamente me siento como en los días previos al verano, cuando se acercan las vacaciones y todo se pospone para el nuevo curso y me siento desanimada. Creo que me voy a trasladar a otro lugar, a la calle tal vez, porque en este Palacio de Congresos no queda más nobleza que la de las maderas.

Ángela Gutiérrez

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