Caballerizos

Me ha llamado poderosamente la atención una fotografía publicada recientemente en toda la prensa española. Aparecía en todos los periódicos de tirada nacional; en unos como portada, en otros en una página impar del interior, y siempre, de gran tamaño. En ella podía verse al actual presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, de cuerpo entero, mostrando el perfil derecho,  vestido como es habitual, con traje oscuro y dejando entrever los puños y el cuello claro de la camisa. Posaba el pie izquierdo en el suelo y el derecho se alzaba por encima de su tobillo ligeramente avanzado y flotando al aire. Extendía hacía atrás su brazo izquierdo para sostener, en un gesto casi de enamorado, la mano derecha de Ángela Merkel, que le seguía,  ataviada con un abrigo largo negro y una amable y casi socarrona sonrisa. Los dos pies de la alemana, asentados en el suelo, marcaban un paso de gigante  sobre una alfombra roja. Al fondo, detrás de una valla de seguridad, algunas personas contemplan la escena desde una cierta distancia,  entre los troncos de algunos árboles y emborronados por la bruma berlinesa o por el objetivo del fotógrafo.

Posiblemente, si no conociéramos a estos dos personajes, si no supiéramos que entre sus manos no se tienen el uno a la  otra,  sino que, más bien, el uno entrega  a la otra carta blanca para dirigir nuestros destinos, podríamos contemplar la imagen con cierto agrado y con el placer que despierta siempre percibir el lenguaje no verbal de las relaciones amorosas. En realidad, Mariano Rajoy ha llegado a Berlín para seducir a Merkel; incluso los titulares de la prensa del día lo resaltan: “El presidente busca en Berlín atraerse a la Merkel…” rezaba en El País.

Al repasar detenidamente la fotografía y después de leer las informaciones que ilustraba, ha recorrido mi cuerpo un escalofrío; tenía la impresión de contemplar la imagen a través de un espejo retrovisor que devuelve a mi retina la misma foto pero invertida y, al mismo tiempo, ha brotado en mi cabeza un fragmento dialogado entre Don Quijote y Sancho Panza. Creo que en el capítulo XXI, en el que Cervantes nos relata el episodio del yelmo de Mambrino, casi al final, Don Quijote le hace a Sancho la siguiente pregunta: “Pues ¿cómo sabes tú que los grandes llevan detrás de sí a sus caballerizos?” El fiel escudero, apelando a su estancia en los centros de poder, le contesta: “Yo se lo diré. Los años pasados estuve un mes en la corte, y allí vi que paseándose un señor muy pequeño, pero que decían que era muy grande, un hombre le seguía a caballo a todas las vueltas que daba, que no parecía sino su rabo.”

Ahora vuelvo a remirar la fotografía y estoy segura de que, en un momento, Rajoy se giró, se encontró con Ángela Merkel de frente, se miraron un segundo, ella se dio media vuelta y él caminó detrás de ella “que no parecía sino su rabo”.

Ángela Gutiérrez

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