La aventura del universo

La aventura del Universo es una magnífica obra de la literatura de divulgación científica escrita por Timothy Ferris que cuenta cómo el hombre ha ido descubriendo el universo que habita. El libro ofrece un recorrido por el tiempo y el espacio,  desde Aristóteles a los últimos avances de la física cuántica. Para mí que soy ajena a la materia y que me reconozco en pañales en este asunto del origen y expansión del universo, encontrarme con una explicación clara, ordenada y lúcida de la teoría de la relatividad,  los quantos o el bosón de Higgs, es de agradecer.

En esta obra Ferris recurre a exquisitas metáforas, comparaciones y personificaciones para hablarnos  de la Nada, de las nebulosas, de la teoría de la relatividad, de los aceleradores de partículas y de lo que puede estar ocurriendo con nosotros en este instante.

A lo largo de la historia, el ser humano se ha enfrentado siempre a las mismas preguntas y ha ido dando respuestas gracias al entusiasmo, a dos manos capaces de construir herramientas y a una mente inquieta que no desfallece.

Kepler, que era un inadaptado, trató de observar las estrellas tan solo con un palo atado a una cuerda. Su interés por la astronomía se despertó en su infancia, después de que su madre lo llevara una noche a contemplar una rojiza Luna eclipsada y se convirtió en el quehacer de su vida llegando a descubrir la perfecta naturaleza de la armonía en los movimientos celestes. No disponía de un telescopio a pesar de haber rogado a Galileo para que le dejara uno de los muchos con los que hizo negocio en la ciudad de Venecia. Mientras los vigías venecianos oteaban el horizonte con los telescopios que Galileo copió de los holandeses, el polémico astrónomo dirigía incansablemente su lente hacía el cielo.  Newton, al que le gustaba construir cachivaches y aparatos con sus propias manos,  modificó el modelo de Galileo hasta diseñar su propio telescopio que se convirtió en el más usado por la posterior industria. William Herschel convirtió su casa en un taller de óptica y pulía espejos para perfeccionar su telescopio durante dieciséis horas al día mientras su hermana Caroline le ayudaba leyendo para él y preparándole bocadillos.

Es un perfecto trabajo de artesanía. Cuando la alfarería, la herrería o la carpintería pasaron a convertirse en una industria, surgieron nuevos  artesanos que fabricaban con sus propias manos máquinas voladoras, transmisores, telescopios.

Es más difícil hoy imaginar a los científicos construyendo aparatos y prototipos en los sótanos de cualquier universidad, pero no es menos cierto que toda industria es antes de existir un trabajo artesano,  impulsado por la satisfacción del trabajo bien hecho. Las tecnologías, las industrias aparecen y desaparecen o se transforman y se consolidan generando otras nuevas. Muchas de las industrias y de las tecnologías del futuro todavía no han sido inventadas, son ciencias sin nombre, pero seguro que los hombres responderán con nuevos inventos a las nuevas ideas. Al fin y al cabo, seguimos siendo seres humanos  y la creatividad y la curiosidad están grabadas en nuestros genes.

Ángela Gutiérrez

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