Felicidades

Cuando llegan las navidades llegan tambièn los excesos. Las mesas del comedor decoradas con flores y madroños se cubren de platos jugosos y exquisitos, velas y botellas de cava que seràn testigos de los encuentros y de los deseos màs ìntimos Las casas se llenan y recuperan el sabor familiar, el caluroso entrar y salir de las cocinas, de los olores artesanos de los platos de la abuela y el entusiamo de los encuentros y de los regalos. Todo se torna familiar, ìntimo. Regresan los nietos con sus notas màs o menos entusiasmados, los hijos con su devenires e incertidumbres acompasados a los dìficiles tiempos que vivimos, los mayores con las dificultades econòmicas derivadas de sus austeras pensiones, pero todos intentan tornar en sonrisa sus preocupaciones. Tiene algo de engaño la Nochebuena, pero tiene la sinceridad de estar con los que nos quieren y si por algùn motivo eso no es posible el Oratorio de Bach  harà el resto. Felicidades.

Àngela Gutièrrez

Magia

Cuando voy a la casa de mis padres siempre desayuno de pié. Preparo un café o un zumo de naranja y una deliciosa tostada con el pan del pueblo y  empiezo el día apostada en el pretil del ancho ventanal que ilumina la cocina. Tiene algo especial esa ventana panorámica que trae hasta la calidez del viejo caserón los colores y  los olores del campo cubierto en estos días invernales de la bruma del amanecer y del velo blanquecino de las heladas de la sierra.  Justo enfrente se levanta el edificio, hoy abandonado y ruinoso, de la fábrica de harina de los Angulo en la que pasábamos las tardes de la infancia jugando entre los sacos de trigo que esperaban resignados la molienda.

Cada tarde mi padre me recordaba una de mis responsabilidades: había que llevar la nota del pan a Serrano, el administrativo que se encargaba de gestionar los pedidos del pan que vendería en la tienda al día siguiente y esa era la excusa perfecta para echar la tarde correteando por los rincones de la fábrica. Recuerdo que salía de allí con los zapatos recubiertos de una capa blanca, el polvillo de la harina que terminaba por blanquear cada poro de mi cuerpo y a veces tenía que salir de allí corriendo después de haber agotado la paciencia de Luisito Angulo cansado ya de mis travesuras. Por el patio siempre correteaban los gatos y en alguno de los rincones era frecuente encontrar un saco de papel arrugado que servía de cálido camastro  a los gatillos recién nacidos que se escondían cuando escuchaban nuestros pasos diligentes y nuestras voces chillonas.

Cuando se acercaba la Navidad, la vieja fábrica se transformaba y junto a los sacos de harina comenzaban a apilarse cajas de cartón por las que asomaban las tiras brillantes del espumillón, el papel de colores vivos y los disfraces orientales con los destellos del satén. A lo largo del los días de las vacaciones navideñas los críos del pueblo entrábamos y salíamos cientos de veces de la fábrica y dábamos cumplida nota del espectacular y rápido avance con el que se confeccionaban los tronos de sus majestades los Reyes Magos.

Mágicamente, cada cinco de enero a eso de las cinco de la tarde, las carrozas de los magos aparecían por la puerta de la fábrica de harina y por el ventanal de la cocina abierto de par en par llovían los caramelos, las cintas y los papelillos de colores. Melchor, Gaspar y Baltasar, guiados por la blanca y plateada estrella recorrían las calles del pueblo inundándolas con la generosidad de sus caramelos, el destello de los papeles de plata, las luces, las cintas temblorosas del espumillón y la fuerza sobrenatural de los magos que venían a hacer realidad nuestros deseos. Una cartera nueva para el cole, algunas muñecas, pizarras con tizas de colores, las piezas del Exín castillos, los juegos reunidos, cuentos, una bolsa de agua caliente, bombones, zapatillas de casa, cajas de rotuladores, plastilina… regalos humildes que abrían mis ojos de par en par y se preguntaban cómo leches y por dónde habían llegado los magos hasta mi habitación.

Ángela Gutiérrez

Con las yemas de los dedos

Hoy pulsamos un botón y abrimos una ventana al mundo. Un solo toque con las yemas de los dedos sirve para poner en marcha cualquier dispositivo que nos conecta con el universo de la información, con el conocimiento. En pocos segundos tenemos acceso a todos los detalles, a todos los procesos, a todos los datos que deseamos o necesitamos saber. Puede que estemos viviendo el momento de nuestra historia en el que la aventura del conocimiento se nos ofrece con mayor comodidad: desde el sofá de nuestra casa y con una ventana a nuestra medida.

Podemos imaginar que antes de que Gutenberg, allá por el siglo XV,  inventara la imprenta, la única forma posible de acercarse al conocimiento consistía  en la ardua tarea de buscar, de investigar dónde se encontraba la materia prima de la que se podía aprender.  El escritor húngaro Sándor Márai escribía en sus diarios que, desde que se inventó la imprenta, el saber por el saber no constituía ninguna virtud puesto que solo había que acercarse a una estantería y buscar entre los miles de volúmenes alineados de enciclopedias en los que se explican y se registran  todos los datos que podemos imaginar.

Sándor Márai se suicidó en febrero de 1989 cuando aún no se había globalizado el uso de los ordenadores y el acceso generalizado a Internet y a las nuevas tecnologías parecían la materia narrativa propicia para un relato de ciencia ficción de Ray Bradbury. Las páginas de internet nos sirven hoy para sacar una entrada de cine o para conocerlo todo acerca del bosón de Higgs, pero, tal y como escribió Márai, crear algo nuevo sigue siendo una tarea tan ardua hoy como lo ha sido siempre.

Ángela Gutiérrez

Oxímoron

El oxímoron es una figura literaria que consiste en combinar en una misma sentencia, en una misma estructura sintáctica dos términos que son contrarios entre sí, dos expresiones o palabras de significado opuesto y que generan un nuevo concepto, un nuevo sentido.

La palabra procede del griego (oxys cuyo significado es “agudo, punzante, ácido” y moros que significa “tonto, estúpido”) pero el término surge en el siglo XVIII. Muchos y deliciosos son los ejemplos que nos brinda la literatura universal de este recurso lingüístico inteligente y atractivo: la “soledad sonora” de San Juan de la Cruz, el “fuego helado” de Quevedo, los ”placeres espantosos y dulzuras horrendas” de Baudelaire o la “luz oscura” de la que hablaron los gnósticos.

Con frecuencia, la finalidad del oxímoron trasciende lo puramente estético y oculta tras de sí un sarcasmo sagaz y agudo bajo la apariencia de lo absurdo.

Puede decirse que el oxímoron encuentra su contrario en el pleonasmo que consiste en añadir en una oración uno o varios términos innecesarios para conseguir el sentido completo. Algo así como “lo vi con mis propios ojos”.

El estudio de estos recursos de la lengua queda casi exclusivamente limitado a los estudiantes de Literatura que a menudo deben identificarlos en los textos, casi siempre literarios. Sin embargo, observando los discursos públicos a los que nos tienen acostumbrados últimamente los políticos, economistas, tertulianos y periodistas, sería bueno un cursillo popular que ayude al común de los mortales a identificar los oxímoron y pleonasmos con los que nos agasajan día sí y otro también y destapar la verdad que se esconde detrás de sus palabras.

Solo hace falta escuchar un rato los informativos o echar un vistazo a los periódicos para elaborar una larga lista de ellos, en ocasiones mucho más ingeniosos y soberbios que los que se rastrean entre los textos de Borges, de Dickens o de los grandes místicos de la literatura pero con un resultado mucho más burdo y deshonesto.

Me he permitido añadir aquí algunos ejemplos tomados de la prensa y de los informativos de ayer mismo, pero la lista sería tan larga como el descaro que algunos de ellos ocultan. Lean, admiren y añadan si les apetece, todos los que les indignen cada día: “banca cívica”, “nacionalistas de izquierdas”, “realidad virtual”, “funcionario público”, “crecimiento negativo”, “banca ética”, “capitalismo democrático”, “ofensiva diplomática”, “contrato laboral temporal indefinido”, “regla flexible”, “paz armada”, “moderado optimismo”, “político veraz”, “fuerza de paz”…

Ángela Gutiérrez