Tecnología del más allá

No tengo costumbre de poner la tele por escuchar algún ruido de fondo. Si pulso el On del mando a distancia es porque algo concreto estoy buscado. Normalmente eso ocurre a la hora de los informativos y con alguna película o serie de la que intencionadamente pretendo disfrutar. Sin embargo, hace unos días estuve con gripe y lo único que aliviaba mi aburrimiento era zapear a diestro y siniestro. En una de esas pulsaciones del botón me encontré con el rostro hermosamente envejecido de una Katharine Herpburn que ya manifestaba ciertos temblores del parkinson. Enseguida identifiqué la escena: en un plano medio aparecía la actriz dirigiéndose a Spencer Tracy. Adivina quién viene a cenar esta noche; me quedé clavada en esa cadena comercial hasta que interrumpieron la proyección con anuncios publicitarios.

Busqué por entre los cojines del sofá el mando a distancia para evitar la inyección consumista, pero algo llamó mi atención; “un rosario electrónico”. Me imaginaba a mí misma como en una de esas escenas de película: frotándome los ojos, pellizcándome, pidiéndole a alguien que me zarandeara para comprobar que estaba dentro, imbuida, metida en la realidad. ¡Un rosario electrónico! Subí el volumen y esto fue lo que escuché: “Desde el santuario de Loreto, la casa del sí de María, nace la voz del Santo Rosario. ¿Recuerda esos momentos en los que la familia se reunía para rezar el santo rosario? ¿Le gustaría que su hijo tuviera un instrumento fácil de usar para aprender todas las oraciones? Regálele el rosario electrónico; escuchando la santa voz del papa Juan Pablo II verá cuánto le gusta. […] Con el rosario electrónico la familia reencontrará en un momento la esencia fundamental de la casa de Nazaret y los niños participarán de la oración con más alegría y diversión. […] Dispone de una calidad de audio excelente, con unos botones en relieve, una función de apagado automático y notificación de voz para los días de la semana.  […] Usted recibirá el rosario electrónico en una caja junto con las instrucciones de uso y la síntesis de los misterios. […] Llame ya y practique su fe con un rosario único e inimitable. Así que no espere más, llame al número que aparece en su pantalla y pida el rosario electrónico con la voz del Papa Wojtyla y obtenga de regalo un rosario tradicional”.

A mi madre le producen un miedo enfermizo las tormentas. Cuando era pequeña colocaba debajo de las patas de hierro de las camas unas maderas para protegernos a mis hermanos y a mí de los rayos y nos reunía a todos en la penumbra de la sala de estar a rezar el rosario. Desde esos días de la infancia no he vuelto a rezarlo; me gustaba la letanía, era como un desafío para la memoria. Ella decía que rezar nos preservaría del peligro y con su voz entrecortada pero a la vez firme, iba dirigiendo el rezo por los cinco misterios con sus diez avemarías y la letanía final. Desde luego, lo más divertido venía cuando mi madre se sobresaltaba, se encogía y se le escapaba un pequeño suspiro cada vez que el trueno seguía a un relámpago que iluminaba nuestros rostros, resignados y juguetones. Esa voz asustada y al mismo tiempo rotunda de mi madre era suficiente para aplacar nuestros miedos; daba igual que rezara el rosario o nos echara la bronca por no haber recogido la habitación, pero desde luego, lo que ella conseguía no lo lograría el Papa ni con todas las tecnologías a su alcance.

Ángela Gutiérrez

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