El amante

Subió reptando despacio por sus piernas eternas y dulces, orientándose hacía el norte por el imán de su pubis. Escaló la suavidad de sus nalgas y escarbó entre su ombligo. Avanzó perdido en las pendientes de sus pechos; deambulando embriagado por el ritmo desconcertante de su respiración, besó su cuello, lamió sus orejas. Alcanzó sus labios húmedos y ardientes.

Decidió quedarse allí y vivir en la caricia el resto de su vida.

Ángela Gutiérrez

Angulo. Siento

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