Leer los clásicos

Enrique tiene que leer La Celestina. Acaba de cumplir catorce años, cursa tercero de Educación Secundaria y es su primera lectura obligatoria de una obra clásica. Por sus manos han pasado voluntariamente muchos  libros. Es un buen lector. Creo que afortunadamente para él, su encuentro con la lectura y con la literatura ha sido temprano y placentero, pero  enfrentarse a Fernando de Rojas puede ser, quizá,  el primer reto, la primera gran prueba de fuego.  De vez en cuando le pregunto cómo lleva la lectura, por qué parte de la historia anda, le pido que me cuente qué está ocurriendo. Es una estrategia para que sienta que está afrontando la tragicomedia en compañía, que la leemos entre los dos, como cuando era pequeño y él leía una página y yo otra y siempre se sorprendía de lo rápida que yo terminaba. Táctica y estrategia, como el poema de Benedetti.

Hace unos días almorzábamos los dos solos en casa. Había preparado apresuradamente la comida  porque se me hizo más tarde de la cuenta al salir del trabajo. Improvisé una ensalada ligera y un plato de pasta que acompañamos con tomate frito, con ese presentado en un pequeño envase de cartón. Mientras degustábamos los espaguetis algo insulsos,  hablábamos de sus clases. Me contaba cómo le había ido la mañana; las clases, el recreo, el bocata que le había sabido a poco… Tomé el bote de tomate para poner un poco más en mi plato y leí por azar los datos del fabricante. ¡Qué casualidad! Se fabrica en la Puebla de Montalbán. Entonces me levanté y busqué en la librería un ejemplar de La Celestina, el mismo que yo usé en mis estudios de bachillerato, de la editorial Cátedra, con la cubierta blanda y negra en la que destaca la imagen de la puta vieja Celestina y la dulce Melibea, en colores cálidos y vivos. Me fui a las páginas del principio y busqué los versos. Le expliqué en qué consistía eso de los acrósticos y le pedí que los leyera. “El Bachiller Fernando de Rojas acabó la comedia de Calisto y Melibea y fue nacido en la Puebla de Montalbán.” ¡El mismo sitio donde elaboran el tomate!

Creo que la prueba está superada. Este será el primero de los muchos clásicos que vendrán y estoy segura de que siempre encontraremos una salsa con la que aderezarlos.

Ángela Gutiérrez

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