Teatro

Son las doce horas, un minuto y quince segundos, acaba de bajarse el telón y aún resuenan los aplausos. Un día más en esta gira interminable, Pedro se dirige a su camerino. “Por fin podré quitarme esta máscara que me exprime el alma” pensó mirándose al espejo. Conforme iba retirando el maquillaje, aparecían sucesivos arrepentimientos que se habían grabado en su cara como si fuera un óleo y, de repente, descubrió que se había ido dejando su rostro sobre el escenario.

Ángela Gutiérrez

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