CUMPLEAÑOS

“A estas horas todavía no habías nacido” me recuerda mi madre que ha sido la primera en felicitarme esta mañana. “Después de un parto sin fin, cuando tu madre te recogió en sus brazos, en Sevilla tronaba, el día 20 de junio y tronaba como si el cielo fuera a derrumbarse” me dice momentos después mi tía María.
A lo largo del día se suceden las felicitaciones a través de llamadas de teléfono, de mensajes en el Facebook  y en el móvil. Los más cercanos, mis hijos, me agasajan con flores, dibujos y palabras de amor surgidas del corazón, desde lo más profundo de sus poderosos corazones.
¿De verdad soy yo esta que cumple hoy 44 años? Es difícil saberlo. Cuando me miro al espejo no sé qué edad  percibo porque los surcos de mis arrugas y los cambios que el tiempo ha marcado en mí son imperceptibles, tan sutiles como la rotación de la Tierra; pero ocurren, ineludiblemente, como cada amanecer y cada ocaso.
Lo cierto es que un cumpleaños se presenta siempre como algo contradictorio. Es un acontecimiento que pertenece a las cosas comunes: nos pasa a todos, ocurre siempre, sin admitir retraso y llega de manera ineludible. Pero, al mismo tiempo, el cumpleaños forma parte de nuestra intimidad, de lo individual: cada vez que ocurre lo sentimos de manera única y cada vez que llega lo hace de manera diferente.
A mí me gusta mirarme por dentro el día de mi cumpleaños. Intento prescindir del número que marca y asegurarme de que el autoexamen está libre de nostalgia, porque a veces,  la nostalgia abre una puerta a la mentira y a la ensoñación que desfiguran y mitifican el pasado, bloqueando las entradas al futuro. Y siempre estoy más interesada en lo por venir, aunque pueda estar lleno de errores y de tropiezos.
Como decía Saramago ¿Qué cuantos años tengo? ¡Qué importa si cumplo 20, 30 o 40! Lo que importa es la edad que siento.

Ángela Gutiérrez
Junio 2011
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Un pensamiento en “CUMPLEAÑOS

  1. Me ha encantado porque describes perfectamente lo que yo siento aunque en mi caso va cargado de unas connotaciones de miedo, como si quisiese pasarlo de puntillas … En fin, que la frase de Saramago es genial y nos viene muy bien con estos años que cumplimos porque cuando teníamos 20 no nos importaba. Felicidades. Puri Mallén

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