BARRER LAS CALLES


Mal tiempo para votar. Esas son las primeras palabras de la obra de José Saramago, Ensayo sobre la lucidez. Mal tiempo para votar se dice a sí mismo el presidente de la mesa electoral número catorce en una  capital sin nombre, en un país sin nombre, mientras contempla como cae torrencialmente la lluvia inoportuna.  Saramago sitúa al lector en un país democrático europeo, en una ciudad occidental, en el día de las elecciones municipales.  La población ejerce su derecho al voto y los resultados de las elecciones, con más de un ochenta por ciento de voto nulo, desencadenan el furor de los poderes establecidos. Tres partidos, el de la derecha, el del centro y el de la izquierda, desesperados, sacan sus garras. Ponen en marcha los servicios de espionaje, buscan pruebas de un complot anarquista internacional, buscan e inventan culpables de aquel ataque a la democracia  y deciden, finalmente, castigar a la ciudad, cuya única acción ilícita ha sido amenazar al poder, criticar al poder ejerciendo su derecho al voto libre y secreto. El poder, camuflado bajo razones de estado, prohíbe el derecho de asociación y de reunión, recurre a atentados terroristas y suspende el servicio de recogida de basuras. La ciudad, cercada y asediada, intenta seguir  su vida con normalidad. Las mujeres ante la parada de los servicios de limpieza, se enfrentan al poder saliendo a barrer las calles. Han dado un golpe certero al gobierno usando los mismos mecanismos que defienden los partidos políticos oficiales. La democracia se revela como una farsa.
Ha empezado la cuenta atrás. Aquí y ahora, llega mal tiempo para votar. Tiempos de propaganda política hasta en la sopa. Los medios de comunicación traerán hasta nuestras cocinas inauguraciones, mítines, promesas y debates. Los electores, los ciudadanos de a pie, intentaremos salir de ese cerco y continuar con nuestra vida cotidiana. Observaremos con más nitidez que en otros momentos, cómo nuestros representantes políticos se parapetan detrás de argucias administrativas y legales para que nada amenace el poder que ostentan. Recurrirán a la razón de estado para confiscar la información que nos deben. Camuflarán la subordinación al poder económico detrás de discursos que reclaman la libertad, la democracia, la paz. Convertirán en derechos políticos y partidistas aquellos que nos pertenecen como ciudadanos. Cuestionarán nuestra responsabilidad a ejercer nuestro derecho a un voto libre y secreto, apelando al miedo, a la debacle, a la historia.
Y entonces, a mi me dan ganas de salir a barrer las calles, como aquellas mujeres en una ciudad sin nombre, de un país sin nombre.

Ángela Gutiérrez
Marzo 2011




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