RELATOS ENCADENADOS


 Merce acababa de llegar a la ciudad. Iba a trabajar allí durante cuatro meses dando clases en un centro de enseñanza secundaria. Estaba animada, entusiasmada a pesar de que dejaba a sus dos hijas pequeñas y a su marido a más de trescientos kilómetros. Después de pasar los primeros días en un hotel, alquiló un pequeño apartamento. La vida de los hoteles es cansada, impersonal y ella está acostumbrada al contacto con los vecinos, con el día a día de su  lugar. Era un apartamento coqueto, funcional y confortable situado en la primera planta de un edificio histórico rehabilitado no hacía mucho tiempo,   que poco a poco iría adaptando su impronta; unas cuantas fotos, algunos de sus libros, su ropa y su ordenador iban diariamente conquistando cada rincón de la casa. En pocas semanas su perfume había impregnado las paredes del apartamento alquilado. Los primeros días se sentía extraña. Supo que tenía vecinos porque escuchaba ruido en el piso de arriba. Una tarde, después de las clases decidió acercarse y presentarse. Saludó amablemente al vecino. Un hombre de unos cincuenta, con bigote y aspecto huraño y serio agradeció su gesto y le dio la bienvenida. Fue para ella una sorpresa. Ya había visto antes a aquel hombre. Cada noche, hacia las once, lo veía desde el ventanal del salón del apartamento sentado en un banco, solo, fumando un enorme puro. No hacía nada, solo mirar; mirar los coches que pasaban por la carretera cercana, el cielo gris e intenso de la noche serrana y los perfiles sombríos de la catedral y de la zona monumental de la ciudad que se dibujaban al fondo. Cuando terminaba de fumar su puro, se levantaba lentamente, alzaba el cuello de su chaqueta, como acurrucándose en ella y se marchaba.
Merce pasaba buena parte de las tardes estudiando, preparando las clases, corrigiendo exámenes en compañía de la radio a la que se aficionó hacía ya algún tiempo. Le gustaba la voz cascada de Gemma Nierga  y seguía puntualmente el concurso de relatos encadenados de la tarde de los jueves. Le parecían increíbles las historias, breves e intensas que los oyentes inventaban a partir de una primera frase que cambiaba cada semana y que había sido la frase final del relato ganador de la semana anterior. Así se iba tejiendo una cadena de historias apasionantes que ella esperaba con atención.
Esa tarde de jueves, como la de todos los jueves, se preparó un café bien cargado, como a ella le gustaba, encendió un cigarrillo y se sentó a trabajar mientras la locutora de la radio presentaba los tres relatos finalistas de la semana. Les preguntó si escribían habitualmente, cómo se inspiraban, de dónde eran. Entonces, Merce se levantó de la mesa de trabajo rápidamente y se acercó aún más al aparato de radio. El tercer relato era una historia narrada desde la ciudad en donde ahora vivía. El autor, con voz grave y pausada dijo su nombre y a ella le resultó familiar. Se sentó al lado de la radio, subió el volumen y encendió otro cigarro. Le tembló el pulso cuando escuchó al oyente contar cómo cada noche salía a pasear, se sentaba en un banco a la luz tenue de la calle donde vivía, y mientras fumaba su puro, contemplaba la ciudad medio dormida.  Escuchó atentamente el relato. Cuando terminó, bajó al portal del edificio y comprobó el nombre que aparecía en los buzones. No había duda, el ganador era su vecino, ese hombre huraño y serio que cada día, mientras ella lo miraba desde el ventanal de su salón alquilado componía una historia.  Subió, entró en el salón alquilado, se sentó en su rincón de trabajo e intentó concentrarse en las muchas cosas que debía hacer. Entonces encendió el ordenador y leyó en la web de la emisora de radio la frase con la que debía empezar el relato de la próxima semana. Decía así: “Merce, acababa de llegar a la ciudad.”
Ángela Gutiérrez
Marzo 2011
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5 pensamientos en “RELATOS ENCADENADOS

  1. Ángela, he disfrutado con tus relatos. Uno de mis sueños es escribir bien un relato o novela sobre todo despúes de leer a Noah Gordon o JM Auel y su forma apasionante de llegar ser escritores y preparar una novela. Por ahora tengo frustrado el intento, pero tengo presente también que si "el sueño de la razón produce monstruos imposibles, la fantasía, acompañada de la razón es la madre de todas las Artes". En los tiempos que corren me parece muy importante sacar a pasear pasión, fantasía, implicación y creativdad. Enhorabuena por ello.

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