EL VESPINO

Cuando era adolescente Tomás quería un vespino. Uno de esos ciclomotores que hacía estragos entre la juventud de los años setenta. Se pasaba los días pidiéndole a su padre que le comprara el ciclomotor y durante años siempre obtuvo la misma respuesta: “Un lunes” decía su padre. Y ese lunes llegó.
Su padre le regaló un vespino cuando terminó sus estudios en la universidad. Era azul y plateado, con una cesta delantera y un amplio portaequipajes para poder pasear por las calles de Sevilla con alguno de sus amigos. Lo cierto es que la motocicleta llegó algo tarde, pero se convirtió en el mejor pasaporte para entrar en el mundo laboral.
Cada día Tomás se apostaba en la puerta del parque de bomberos de la calle Eduardo Dato. Robaba horas al sueño, a las cervecitas de la Moneda, a la sesión golfa de las salas de cine esperando con su vespino y con su cámara de fotos colgada del cuello la salida de un coche de bomberos. En el momento que notaba que algo se movía con rapidez dentro de la central, él se preparaba para salir detrás  y dejarse conducir hasta el lugar donde encontraría la foto de su vida. Con el paso de los días aprendió a distinguir. Si el camión de bomberos que se ponía en marcha era de los pequeños, Tomás renunciaba a perseguirlo; lo más probable es que se tratara de alguna cornisa descolgada, algún contenedor incendiado… en fin, cosas sin importancia.
Hace más de veinte años que un periódico publicó la primera fotografía de Tomás. La consiguió después de seguir a un camión de bomberos que rescató a un niño. El pequeño había metido la cabeza entre las barandas de un balcón situado en un cuarto piso y no conseguían sacarla. Tomás hizo la foto desde abajo; se marchó a su casa y se apresuró a revelar el carrete. Tomás había captado la cara descompuesta y aterrada del niño justo en el momento en que una lágrima parecía caer desde sus mejillas hacía  el objetivo de su cámara. La foto apareció publicada al día siguiente en el ABC. Le habían pagado unas mil quinientas pesetas. El interés informativo de la fotografía residía en que el suceso había ocurrido en la sede de un organismo oficial de la Junta de Andalucía.  Semanas después, Tomás era fotógrafo de prensa en ese mismo periódico.
Lo conocí un poco cansado. Cansado de fotografiar a políticos mentirosos en ruedas de prensa, conferenciantes de pacotilla en salones de actos de sedes bancarias, posados de modelos de segunda y portadas de feria. En esa época lo más apasionante que pasaba por su objetivo era el partido de fútbol del sábado por la tarde.
Supe más tarde que se había marchado. Tomó unos meses de excedencia laboral y emprendió la aventura como freelance junto a Gervasio Sánchez. No regresó.
Hace un par de días me encontré con una foto suya en la portada de un periódico nacional de gran tirada. El pie de foto decía:  “Un hombre mira la destrucción en un área cubierta de agua en Ishinomaki, en la prefectura de Miyagi, Japón”.
Ángela Gutiérrez
Marzo 2011
Anuncios

2 pensamientos en “EL VESPINO

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s