TARDE DE MONOPOLY


Tomo prestados unos versos de mi admirado Ángel González. Ayer fue sábado toda la mañana. Por la tarde cambió, se puso casi lunes.
El cielo soleado y apacible de la mañana dio paso a inmensos nubarrones que descargaron sobre la ciudad gris a eso de las cinco de la tarde. Las calles céntricas, bulliciosas y concurridas se fueron quedando desiertas y los taxis se agotaban rápidamente ante ese torbellino que se desata cuando comienzan a caer las primeras gotas de lluvia. Se abren los paraguas, se aceleran los pasos, se arrugan los entrecejos y los rostros se tornan tristes y malhumorados.
Los más valientes se apostan bajo algún soportal, fumando plácidamente un cigarrillo, aguardando esperanzadamente que solo sean cuatro gotas. Los demás emprendemos el  regreso a casa y nos vamos convenciendo durante el camino de lo bien que nos sentará una tarde hogareña y  tranquila bajo la calidez de la ropa camilla.
La casa me recibe serena y silenciosa. Zapatillas esponjosas acurrucan mis pies mojados y fríos. La tenue luz  y el sillón me invitan a pasar una agradable tarde de lectura y monopoly.
Ángela Gutiérrez 
Marzo 2011
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