AGOSTO

La noche era corta. Pronto empezaría a clarear y las estrellas del luminoso cielo de agosto se apagarían. Desde la ventana de la habitación podía oírse el mar. Las cortinas de lino blanco se movían al compás de tus pasos y un aire cálido cubría tu cuerpo casi desnudo.  Me besaste al tiempo que te ponías una camiseta y te tumbaste en la cama, a mi lado. Aún recorría nuestros cuerpos el sabor del sexo. Tenías hambre. Muy a lo lejos se escuchaba la sintonía de los matinales más madrugadores de la radio y todo comenzaba a amanecer.
Te giraste levemente hacia mí y sentí tu mano suave entre mis piernas. Tus labios jugosos exploraban mi cuello  y al llegar a la altura de mi ombligo me ofrecieron un zumo de naranja. Por supuesto, lo acepté. Me quedé dormida. Me despertó el aroma apetitoso de unas tostadas. Tus labios ya estaban tan lejos que casi no recordaba el sonido de tus palabras.  Sin quitarte las gafas, alzaste tu mirada y la clavaste en mí complaciente. El sonido del mar se había diluido. A los pies de la cama, una maleta oscura, nos devolvía al presente.  Cuando me incorporé me encontré frente a un enorme ventanal con las majestuosas montañas  al fondo. Era el último día de mis vacaciones.
Ángela Gutiérrez. Enero 2008
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s